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Un arroyo, desde su nacimiento en las lejanas montañas, después de atravesar todo tipo de paisajes, alcanzó por fin las arenas del desierto.
¡Por fin!
Cada consciencia alcanza un punto que es un callejón sin salida, un punto que los sufíes denominan “el desierto” y que es donde sientes que estás desapareciendo, que te estás muriendo. El desierto es ese punto en el que te sientes completamente desesperado, sin significado, un momento en el que empiezas a considerar el suicidio, un punto en el que no puedes decidir: qué hacer, qué no hacer, ser o no ser. Toda consciencia debe enfrentarse, con el desierto antes o después, porque nunca serás realmente maduro sin pasar a través del desierto. Eso es parte del aprendizaje de todo espíritu. De hecho cuando empiezas a enfrentarte con el desierto, empiezas a pensar en la religión. Cuando las cosas van bien, ¿a quién le preocupa la religión? ¿Quién contempla? ¿Quién medita?
¿Quién reza? Cuando las cosas no van bien comienzas a pensar que hay algo en ti básicamente equivocado.
Es un fenómeno curioso: siempre que una persona tiene todo lo que necesita se encuentra con el desierto. La sociedad opulenta se encuentra con el desierto. La sociedad pobre todavía está muy alejada de él. La opulencia te aproxima al desier-to, porque tienes todo lo que esperabas: tienes la mujer que querías, la casa, el dinero, el prestigio, el poder. Tienes todo lo que siempre soñaste, ahora no hay nada más para soñar: ha llegado el desierto. Ahora de repente empiezas a sentir una especie de insomnio. Ni siquiera puedes dormir, el desierto te rodea.
¿Cómo trascender este desierto, el desierto de la falta de sentido, el desierto de la angustia, el desierto del absurdo?

Igual que había cruzado todas las demás barreras, el arroyo trató también de cruzar ésta…

Naturalmente. Siempre reaccionamos a partir de nuestro pasado. Hasta ahora siempre ha funcionado, por eso pensamos que va a funcionar en todas las situaciones, pero un día surge una situación en la que tu pasado es simplemente inaplicable, no funciona. Esa es la verdadera crisis…, y también, la verdadera oportunidad.
La palabra china para crisis -no tienen palabras, tienen imágenes-, el ideograma chino para crisis es hermoso. Consiste en dos pequeñas imágenes, dos pequeños ideogramas: uno quiere decir peligro, el otro quiere decir oportunidad. Crisis es peligro y oportunidad; depende de ti. Si continúas reaccionando basándote en el pasado te suicidarás. Es peligroso. Si tienes inteligencia para ver que el problema es nuevo y que la respuesta tiene que ser nueva -las viejas respuestas no valdrán-, entonces es una gran oportunidad. Pasando a través del desierto alcanzarás una enorme madurez y una gran integración. Y recuerda, así es como sucede cada vez.
Precisamente la otra noche una hermosa mujer tomó sannyas. Tenía miedo. Su miedo era significativo: en el pasado no había podido mantener una promesa, la promesa del matrimonio, por eso tenía miedo de no ser capaz de mantener su pro-mesa como sannyasin.(*) (Un renunciante. En el contexto, un discípulo de Osho). Pero un matrimonio es un matrimonio; sannyas no es un matrimonio. El matrimonio es esclavitud, sannyas es libertad. El matrimonio es una cadena, es una ley. Sannyas es liberación, es amor. Pero puedes entender que su argumento debe de haberle entrado muy dentro. Quería hacerse sannyasin -una mujer sincera-, pero tenía miedo de no ser capaz de mantener su promesa, porque con anterioridad había fracasado: no había podido mantener la promesa que le había dado a su marido.

Siempre pensamos basándonos en el pasado. Así es como reacciona todo el mundo. Éste es el significado de la palabra reacción. Ésta es la diferencia entre reacción y respuesta. Respuesta significa que la situación es tan nueva que no puedes obtener ninguna respuesta desde el pasado; al darte cuenta de esto respondes a la situación. Vas con la situación, no piensas en el pasado. Si estás pensando en el pasado y si metes en ello tu pasado, destruirás la oportunidad de crecimiento y seguirás comportándote dentro del viejo patrón, la vieja rutina. Esto es lo que sucede.
Has sido cristiano, has sido hindú, ahora te da miedo ser sannyasin. Crees que esto también es otra iglesia. ¡No lo es! Crees que esto es de nuevo una organización. ¡No lo es! Crees que esto es volverse de nuevo parte de un sistema de creencias. ¡No lo es! Estás confrontando algo absolutamente nuevo, pero naturalmente reaccionas basándote en el pasado. Piensas: «Yo era cristiano, ¿qué sentido tiene ahora hacerme sannyasin?».
Sucede todos los días. Un monje budista vino y me dijo:
«Estoy harto de ser monje, por eso no me quiero hacer sannyasin». Le dije: «Pero esto no es ser un monje. ¡Mis sannyasins no son monjes!».
La palabra “monje” significa “alguien que vive solo”, en soledad. “Monasterio” viene de la misma palabra, “monje”: una persona que renuncia al mundo y vive sola. “Monopolio” viene de la misma palabra, y “monogamia” también. Todas significan lo mismo, un marido y una esposa, monogamia. “Monopolio” significa que una persona tiene todo el poder sobre el asunto.
Mis sannyasins no son monjes, son no-monjes. Mis sannyasins no son monjas. Yo no destrozo a la gente. Una monja es -una ruina de mujer. Un monje es la caricatura de un hombre. Yo realzo su humanidad, realzo su vida y realzo su amor. Pero naturalmente cuando llega un monje budista o cuando llega un monje católico piensan: «¿Qué sentido tiene esto?».
Precisamente hace unos días estuvo aquí un monje católico. Después de estar en un monasterio católico durante doce, trece años, consiguió escaparse. Ahora tenía miedo. Me dijo: «¡Ahora tengo mucho miedo! Osho, te tengo miedo, porque me atraes tanto que tengo miedo de hacerme tu sannyasin. Y justo ahora me acabo de escapar, y no quiero volver a entrar en otro sistema».
Es natural, lo podemos entender, pero lo natural no es necesariamente cierto. Existen situaciones en las que te estás enfrentando a algo muy nuevo, algo a lo que nunca te has enfrentado antes, pero tus ojos están llenos de pasado. Ellos interpretan de forma antigua y podrida.

Igual que había cruzado todas las demás barreras…
Atravesó montañas, atravesó llanuras, atravesó valles. El arroyo había atravesado muchas, muchas cosas. Viniendo de las altas montañas, de algún lugar desconocido, había viajado mucho, había hecho un gran peregrinaje. Había tenido muchas experiencias atravesando las duras rocas; siempre había salido victorioso. Ahora toda esa experiencia se había convertido en un obstáculo.
El arroyo trató también de cruzarlo -este desierto-, pero se encontró con que en cuanto se adentraba en la arena sus aguas desaparecían.
Era una situación nueva. La inteligencia consiste en que, al ver el hecho de que la situación es nueva, nunca intentes lo viejo. Cuando la situación es nueva, ¡sé nuevo! ¡Ten inventiva! ¡Deja caer el pasado! ¡Mira con nuevos ojos! Deja que tu consciencia responda a lo nuevo. ¡Refléjalo! Y no tengas miedo a los errores y a las equivocaciones, porque en una situación nueva el único error que es imperdonable es el error de usar algo que fue práctico en otra ocasión, ¡el único error imperdonable! Todos los demás errores y equivocaciones son perfectos, están bien; aprenderás algo a través de ellos.
Sin embargo, estaba convencido de que su destino era cruzar ese desierto, y de que a la vez no había manera de cruzarlo.
Los sufíes usan la palabra “convicción” de una manera muy extraña.
Si dices: «Soy un cristiano convencido», o «Soy un hindú convencido», Ese no es el significado, no el significado sufí. Los sufíes dicen que la convicción sólo quiere decir aquello que surge de tu ser más intrínseco, no del exterior. Por ejemplo, todo el mundo busca la felicidad; eso es una convicción. Es natural. Nadie te ha dicho que busques y persigas la felicidad, es algo intrínseco en ti; todo el mundo la está buscando y persiguiendo. Nadie te ha dicho que la felicidad sea posible. De hecho, muchos filósofos están diciendo que la felicidad no es posible. Freud lo dice, Nietzsche también; nunca ha sucedido y no puede suceder por la misma naturaleza de las cosas; es imposible. Pero de todas formas, ¿a quién le importa Nietzsche y Freud? La gente sigue buscando. Hasta Nietzsche siguió buscando, y también Freud. En sus momentos filosóficos supo que no era posible, pero también tuvo momentos que no eran filosóficos, cuando era un ser humano y no un psicoanalista, cuando no era el fundador del psicoanálisis sino sólo un ser humano: un padre, marido, amante o amigo. Entonces comenzaba a buscar la felicidad, aunque sabía que no era posible. Pero ese conocimiento sigue siendo superficial.
La convicción es inherente. El pájaro haciendo un nido en el árbol está convencido de algo de lo que no tiene conocimiento. Nunca ha hecho un nido, nunca ha tenido crías –ésta es la primera vez-, tampoco ha ido nunca a ninguna escuela a aprender cómo hacer nidos. Nadie se lo ha contado, nadie se lo ha enseñado, y de repente surge la convicción. En el momento en que la hembra se queda preñada surge en ella la convicción, desde un lugar desconocido y profundo, de que tiene que construir un nido; no sucede realmente en su cabeza, sino en la misma fibra de su ser. Empieza a moverse, a preparar cosas. Tiene que preparar mil y una cosas, y cuando lleguen las crías el nido estará listo. No sabe nada de crías, no sabe nada de nidos, pero ocurre. Esto es convicción en el sentido sufí de la palabra.
Los sufíes usan las palabras a su manera. Giran el lenguaje, le dan la vuelta. Lo hacen encajar en su propia visión. Y siento que usan la palabra “convicción” exactamente en la forma que debe ser.
Sin embargo, estaba convencido de que…
…En contra de todo el conocimiento, en contra de toda la experiencia. El arroyo estaba viendo cómo desaparecía en el desierto, pero a pesar de todo tenía la convicción de que su destino era cruzarlo.
¿No tienes tú esa misma convicción? ¿No estás “convencido, a pesar de todo”? ¿No tienes la convicción en el fondo de tu ser de que la tierra no es tu casa, de que tienes que encontrar tu casa, de que aquí, de alguna manera, eres extranjero, de que el amor que estás viviendo es de alguna manera superficial -tu destino es mucho más que esto-, de que la vida que estás viviendo no es la vida que se supone debías vivir? Esta convicción existe; por eso la búsqueda, por eso la aventura, por eso uno sigue buscando aquí y allí, en esta dirección y en aquélla. En algún lugar debe de haber una forma de poder realizar tu destino.
¿Quién te ha dicho que ésta no es tu casa? ¿Quién te ha dicho que hay algo más en la vida? ¿Quién te ha dicho que hay otra vida después de la muerte? Nadie ha regresado de la muerte, nadie ha dicho: «He sobrevivido». Ni el Buda, ni Mahavira, ni Krishna han regresado de la muerte, pero existe una sutil convicción, una convicción inquebrantable de que, de alguna forma, seguirás viviendo. Este cuerpo se extinguirá, esta vida se extinguirá, pero la vida continuará, la Vida con mayúscula.
Sin embargo, estaba convencido de que su destino era cru- zar ese desierto, y de que a la vez no había manera de cruzarlo. Entonces una voz oculta, que salía del mismo desierto, le susurró:
-El viento cruza el desierto, e igualmente puede hacerlo el arroyo.
Ahora fíjate en la historia con compasión. Tiene un gran mensaje para ti.
Cuando dice: «el mismo desierto le susurró», ¿qué quiere decir? ¿Qué simboliza esto? Quiere decir que si escuchas la situación, el problema al que te estás enfrentando, la crisis que estás atravesando, si escuchas silenciosamente, encontrarás la llave que abre la puerta. En el problema está la solución: Ese es el significado. En la enfermedad se esconde la medicina, el tratamiento. Si puedes entrar en el problema sin respuestas preconcebidas, el problema te susurrará, te dirá cómo se puede solucionar. El desierto es la crisis del arroyo, el arroyo está muriendo en el desierto. Pero ¡mira! hasta el desierto es tu amigo. Sólo tienes que escuchar.
Cuando estás enfadado, escucha a la rabia y encontrarás la llave que abre las puertas de la compasión. Cuando estás sexualmente rebosante, escucha a tu sexualidad y encontrarás la puerta del samadhi(*). Escucha a tu avaricia, y te sorprenderás, en el fenómeno mismo de la avaricia está escondido el secreto del compartir.
(*) El estado de conciencia más elevado en el que la distinción observador-observado, sujeto-objeto es transcendida.
Éste es el arte de ser meditativo. Ésta es la auténtica meditación: siempre que te enfrentes con un problema, entra en el problema, y sólo podrás entrar si no tienes ninguna solución preconcebida. Esas soluciones son tus enemigos. Ahora fíjate en el cambio: ¿te crees que esas soluciones que tienes en la cabeza en forma de conocimientos son tus amigos?, ¿imaginas dónde estarías sin esas soluciones? No es verdad. Esas soluciones son tus enemigos. Por su culpa no puedes escuchar el silencioso susurro del problema, no puedes penetrar en su misterio.
Míralo de esta manera: sabes que el sexo está mal porque lo has leído en las escrituras. Sabes que es un pecado porque los sacerdotes lo han estado diciendo durante siglos. Ahora esto se ha arraigado profundamente en ti, esto es lo que sabes: el sexo es pecado. Por esta causa nunca serás capaz de mirar profundamente el sexo con agrado, nunca serás capaz de entrar en el misterio. La idea de que el sexo es un pecado será un obstáculo, te lo impedirá. Y tú sabes que ya sabes, de modo que no tiene sentido el aprender.
Si escuchas al fenómeno del sexo que llama a tu puerta cada día, cada año, y que sigue llamando hasta cuando te estás muriendo… Te sorprenderá saber que siempre que crucifican a un reo, cuando lo sentencian a muerte, lo último que experimenta es una eyaculación. No podemos estar tan seguros con una mujer porque no eyacula. Ella debe de tener un orgasmo, pero invisible. Y esto es lo que he observado en mucha gente que he visto morir; ésta ha sido una de mis aficiones desde mi infancia.
En mi ciudad nunca dejaba morirse a nadie sin estar yo allí. En cuanto oía que alguien se encontraba agonizando, iba para allí. Si mis padres no sabían dónde estaba durante unas horas, decían: «Busca a algún moribundo. Debe de estar allí». Yo los seguía hasta el último viaje, y acompañaba a todos los moribundos, ricos, pobres, mendigos -incluso a los perros moribundos y a los gatos- y me sentaba a observar. Cuanto más receptivo me volvía más me sorprendía; he visto cómo sucedía una y otra vez: la última idea que tiene un hombre al morir es sexual, y lo mismo ocurre con los perros y con los gatos.
El sexo persiste. Sólo te deja cuando has aprendido la lección, y para aprender la lección tienes que escucharlo. Tendrás que ser muy meditativo con el sexo, no antagonista. Tendrás que ser muy silencioso. Adéntrate en el sexo como si estuvieras entrando en un templo -es el más sagrado de todos- y la llave más secreta se esconde ahí, la llave maestra. El sexo debe tener la llave que abre las puertas porque es el origen de la vida.
Eso es lo que quiere decir el desierto cuando suspira: «El viento cruza el desierto, e igual puede hacerlo el arroyo».
El arroyo objetó…
…Del mismo modo que muchas veces tú me pones objeciones a mí. Cada día recibo cartas, con pegas y más pegas: «Esto no debería ser así, debería ser de este otro modo», y no sabes lo que estás diciendo. No sabes dónde estás y sigues prescribiendo, sigues dando consejos y sigues oponiéndote.
Precisamente el otro día recibí una carta de una persona que tiene un fuerte deseo de hacerse sannyasin, pero se opone a sannyas «porque es un tipo de esclavitud». No sabes nada sobre sannyas. No sabes nada sobre la rendición. La rendición te convierte en el amo, no en un esclavo, pero es un misterio que hay que vivir, y, a menos que lo vivas, no existe otra manera de comprenderlo. Y todas las pegas que surgen, surgen de tu conocimiento pasado. Y el conocimiento pasado ha dejado de ser válido, no es válido para sannyas. ¡Tú nunca has sido un sannyasin!
Pero este río nunca se ha adentrado en el desierto, jamás lo ha cruzado. Por primera vez, el desierto ha llegado a la vida del río.
El arroyo objetó que estaba arremetiendo contra la arena,
pero que sólo estaba siendo absorbido; que el viento podía
volar y por ello podía atravesar el desierto.
«Pero ¿cómo podría hacerlo yo?», muy lógico. «El viento puede volar. Yo no puedo volar. El viento puede cruzar el desierto, pero yo, ¿cómo voy a hacerlo yo?»
-Arremetiendo de tu manera habitual no podrás atravesarlo.
Escucha…
El desierto está diciendo: «Arremetiendo de tu manera habitual no podrás atravesarlo». Tendrás que abandonar el modo acostumbrado, el modo habitual. Esto es rendición: abandonar lo habitual, abandonar el pasado, abandonar lo conocido, abandonar lo aprendido y encarar lo nuevo con una nueva consciencia.
-…Desaparecerás o te convertirás en una marisma. Debes dejar que el viento te lleve a tu destino.
Esto es dejarse llevar. Debes dejarte llevar. Debes permitir que la existencia misma te lleve a tu destino final. En esto consiste la rendición. El desierto está enseñando a rendirse al arroyo.
¡-Pero ¿cómo puede suceder esto?
-Dejando que el viento te absorba.
Eso es la muerte, eso es morir, morir en el maestro, relajarse en el maestro, en alguien que ya ha desaparecido, desaparecer en él.

Esta idea no era aceptable para el arroyo. Después de todo, nunca antes había sido absorbido. No quería perder su individualidad.
La gente sigue viniendo a mí y me dicen: «sannyas está bien, pero ¿qué hay de nuestra individualidad? ¿No perderemos nuestra individualidad?».
¡No tienes ninguna! Y te preocupa mucho perderla… ¿Qué individualidad tienes? Al río le preocupa perder su individualidad. De hecho, no olvides: lo esencial nunca se puede perder. Por eso en la rendición, cuando te rindes, sólo desaparece lo no esencial, y lo esencial emerge con total claridad y brillo. Estaba escondido en lo no esencial. Lo no esencial era el noventa y nueve por ciento, la basura era el noventa y nueve por ciento, y el Kohinoor, el diamante de tu ser, se encontraba detrás de la basura. Cuando te rindes sólo se puede rendir la basura, sólo se puede rendir lo no esencial. Lo esencial es aquello que no puede rendirse; no hay manera de rendirlo. Por eso cuando la basura desaparece, por primera vez realizas tu centro esencial, tu Kohinoor, tu diamante.
Pero el arroyo está asustado.
No quería perder su individualidad; una vez que la hubiese perdido, ¿cómo iba a saber que podría volver a recuperarla?
Éste también es tu miedo. De un modo u otro todo el mundo vacila delante de sannyas. ¿Cómo va a estar uno seguro de que rindiendo su ser no lo perderá? ¿Cómo lo recuperaras? Y no te puedes enfadar con el arroyo. Lógica natural, tu lógica, la lógica de todo el mundo: «¿Cómo voy a saber que lo esencial no se va a perder también? ¿Y cómo regresaré de nuevo a mi mismo?». El miedo es natural.
-El viento -dijo la arena- cumple esa función.
La función del maestro es la función del viento: él permite que seas absorbido en él. En esa absorción lo no esencial desaparece y lo esencial se hace, por primera vez para ti, luminoso. Tú te rindes al maestro y él te devuelve tu ser interno, tu verdadero ser. Sólo se lleva lo que no eres. Sólo se lleva lo que nunca tuviste, y te devuelve lo que siempre has tenido contigo pero de lo que nunca fuiste consciente. Te da lo que eres y se lleva lo que no eres.
-El viento -dijo la arena- cumple esa función. Evapora el agua, la transporta a través del desierto, y después la vuelve a dejar caer. Al caer en forma de lluvia, el agua se vuelve a convertir en un río.
-¿Cómo puedo saber que esto es verdad?
Todo buscador lo pregunta, un día u otro: «¿Cómo puedo saber que esto es verdad? Quizás sea sólo un mito, un cuento, una creencia para explotar los arroyos. Quizás sea un engaño, un fraude, o un truco sutil para engañar, quizás sea una estrategia. ¿Cómo puedo saber que esto es verdad?».
El río quiere convencerse lógicamente. Quiere una prueba, ver por anticipado lo que va a suceder.
-Así es, y si no me crees, no podrás convertirte más que en un cenagal, e incluso eso te costará muchos, muchos años; e indudablemente un cenagal no es lo mismo que un arroyo.
El desierto dice: «Es así. No hay manera de demostrarlo. No hay manera de verlo por anticipado. Uno sólo lo conoce metiéndose en ello».

La gente viene y me pregunta: «¿Qué es sannyas?», y siempre me quedo sin palabras para explicárselo. ¿Qué les voy a decir? Todo lo que puedo decirles es: hazte sannyasin y entérate de lo que es. Es una experiencia, un sabor; sólo se co-noce probándolo. Pero son personas muy lógicas, muy racionales. Y me dicen: «Está bien, pero ¿cuál es la prueba de que una vez que entremos…? ¿Y si no sucede nada, si no sabe a nada, no hay disfrute…? Necesitamos alguna garantía, nos hace falta alguna prueba. Y si no hay pruebas, por lo menos hay algo que tiene que estar garantizado: que podamos regresar de nuevo a lo que éramos antes. Disolverse es entrar en la inseguridad, es adentrarse en algo parecido a un noche oscura. Es arriesgado».
Pero no hay manera de conocer cosas del más allá. La única forma es meter-se en ellas, ser ellas. «Y hay algo seguro -dice el desierto- no te puedo dar ninguna prueba.» Sólo te puedo decir que es así, lo he visto suceder una y otra vez. Pero si no confías en mí, no podrás convertirte más que en un cenagal. Por eso puedes escoger, o bien te conviertes en un cenagal, o asumes el riesgo y desapareces en el viento. Incluso si decides convertirte en un cenagal nunca volverás a ser un arroyo. De cualquier forma el arroyo va a desaparecer. Puedes desaparecer de forma cobarde y te convertirás en un cenagal, o puedes desaparecer dando un salto cuántico, con mucha valentía. Hay una posibilidad: si confías quizás puedas ser de nuevo, de una forma diferente, en un plano diferente.
Cuando el discípulo desaparece en el maestro, desaparece en un plano muy inferior y renace en un plano superior. Muere como algo tosco y nace como algo sutil. Muere como cuerpo y nace como espíritu. Muere como circunferencia y nace como centro. Pero la decisión es tuya; te puedes convertir en un cenagal. Pero recuerda, de esa forma el río también desaparece.
-Pero ¿no puedo seguir siendo el mismo arroyo que soy hoy?
El arroyo hace una pregunta muy irrelevante: «¿Son éstas las únicas alternativas, convertirme en un cenagal y perder mi individualidad, o desaparecer en los vientos y arriesgarme emprendiendo un viaje desconocido, sin saber adónde voy a ir a parar o si regresaré otra vez a la tierra? ¿Son estas dos las únicas alternativas? ¿No existe una tercera?».
-Pero ¿no puedo seguir siendo el mismo arroyo que soy hoy?
Eso es lo que piensas tú también. Pero no puedes seguir siendo el mismo. La vida se está moviendo, y no hay forma de volver atrás, ni forma de detener el movimiento.
Un gran científico, Eddington, ha dicho que la palabra “descanso” es una palabra vacía, porque en la vida no hay una situación que se corresponda con ella. Todo se está moviendo, nada está descansando. Las estrellas se mueven, la tierra se mueve, el sol se mueve, la vida se mueve, el árbol se mueve, todo está en movimiento. Nunca, ni en un solo momento, hay descanso. Incluso cuando estás dormido y dices «Estoy descansando», no es cierto; todo se está moviendo. Después de ocho horas serás ocho horas más viejo. Incluso durante tu sueño profundo se suceden los sueños, tu consciencia se está moviendo, tu cuerpo está cambiando, tu mente está cambiando. Todo es movimiento, la vida es movimiento, de modo que no hay forma de seguir siendo el mismo.
-No puedes seguir así en ninguno de los casos -dijo el susurro-. Tu parte esencial es transportada y vuelve a formar un arroyo. Tu recibes el nombre que tienes, incluso hoy, porque no sabes qué parte de ti es la esencial.

Para conocer lo esencial, la única forma es renunciar a lo no esencial, descartar lo no esencial. Reconocer lo falso como falso es la única forma de conocer qué es la verdad.
Cuando el arroyo escuchó esto, comenzó a resonar un cierto eco en sus pensamientos.
Sí, era verdad; el arroyo lo podía ver. El arroyo no era humano. Los seres humanos están muy ciegos; ni los arroyos son tan ciegos. Los seres humanos son muy estúpidos, intransigentes y testarudos. El arroyo podía ver el sentido: «Sí, no puedo seguir siendo el mismo. Nunca he sido el mismo ni siquiera en dos momentos consecutivos, las cosas siempre están cambiando. ¡Es verdad! He sido un cambio constante. Excepto los cambios, todo cambia. ¡Es verdad!».
El arroyo pudo entenderlo. Y pudo ver las dos alternativas: una es convertirse en un cenagal, un sucio cenagal, y perderse en el desierto para siempre; la otra es arriesgarse, desaparecer en el viento, evaporarse y confiar, ¡y ver qué pasa! No vas a perder de ninguna forma. No puedes seguir siendo el mismo, de modo que eso ha dejado de ser una alternativa. Ahora la única alternativa es convertirse en un cobarde cenagal o volverse un valeroso salto cuántico.
La gente que se queda dudando se convierten en cenagales. Sólo la gente que alcanza la confianza conoce la realidad. En el momento en que el arroyo se hace consciente del mensaje del susurro, un cierto eco comienza a resonar en sus pensamientos.
¡Eso es lo que te está sucediendo a ti también! Escuchándome, siempre que surge en ti un momento de confianza, un cierto eco…, algo de tu propio inconsciente empieza a emerger.
Débilmente, recordó un estado en el cual él -¿o era una
parte de él?- había sido sostenido en los brazos del viento.
Si me escuchas, si participas de mi ser, un cierto eco comenzará a resonar en ti: sí, en algún lugar, en algún momento, fuiste parte de la existencia. Habías existido sin ninguna preocupación, sin ninguna duda, en una especie de unidad con el todo; eso fue en el vientre de tu madre. Y si eso fue posible, ¿por qué no puede volver a suceder? La existencia se ocupaba de todo; si te relajas quizás pueda volver a ocuparse otra vez.
Débilmente, recordó un estado en el cual él -¿o era una parte de él?- había sido sostenido en los brazos del viento.
También recordó -¿lo recordó?- que esto era lo que realmente había que hacer, aunque no necesariamente lo más obvio.
Recuérdalo, una gran afirmación: lo obvio y lo natural no son necesariamente lo real. Lo obvio es aquello que encaja con tu pasado. Lo natural es aquello que es acorde con tus costumbres; eso quizás no sea necesariamente lo real. Llega un momento en la vida en que te encaras con el desierto, en que todo el conocimiento es fútil, todo el pasado irrelevante, todos tus hábitos, las maneras acostumbradas de pensar y comportarse simplemente dejan de tener sentido alguno. Ese momento de crisis, ese momento de encararte al desierto, es un gran momento. Si tienes el suficiente coraje para arriesgarte te transformarás.
Y el arroyo hizo ascender su vapor hacia los acogedores
Brazos del viento, que suavemente y con facilidad le llevaron hacia arriba y a lo lejos, dejándole caer con suavidad en
cuanto alcanzó la cima de la montaña, muchos, muchos kilómetros más allá.
Y como habla abrigado sus dudas, el arroyo fue capaz de recordar, grabar con más fuerza en su mente los detalles de la experiencia. Reflexionó: «Si: ahora he conocido mi verdadera identidad»,
El arroyo asumió el riesgo; esa era la única alternativa inteligente.
Si lo ves claro, no hay elección. Si lo ves claro, tendrás que hacer aquello que es real. La elección sólo existe en una mente confusa. Te sorprenderás al saber que una mente de claridad transparente no tiene elección. No hay alternativas. ¿Qué alternativas puede haber?; o bien algo es correcto, o es equivocado. Cuando eres claro, cuando tienes claridad y percepción, sencillamente ves lo correcto y haces lo correcto. No empiezas a pensar si estás haciendo lo correcto o lo equivocado; no queda ninguna alternativa. Las alternativas sólo aparecen en una mente confusa, La confusión produce la elección. La mente confusa no puede ver lo que es correcto y lo que es equivocado; quizás esto es lo correcto, quizás eso es lo correcto, quizás esto es lo equivocado, quizás eso es lo equivocado. Todos son “quizás”, “tal vez”; de ahí la elección.
Muchas veces la gente me pregunta: «¿Qué es pecado y qué es virtud? Y ¿cómo decidirlo?». Si tomas una decisión será equivocada. Si escoges te equivocarás. Toda elección es una equivocación. No hay forma de decidir. No hay necesidad de decidir qué es pecado y qué es virtud. Sólo necesitas una mente transparente, una claridad, una mente sin pensamientos, una no mente, una consciencia como un espejo. En una consciencia así, pase lo que pase es virtud. En una consciencia así, todo lo que no pueda pasar es pecado.
Y el arroyo hizo ascender su vapor hacia los acogedores
brazos del viento.
El arroyo pudo ver claramente que es el único camino posible, no hay alternativa: «No puedo ser el mismo…, y convertirme en un cenagal es igual que ir al infierno. Por eso, ¿por qué no arriesgarme, por qué no jugármela?».
Y el arroyo se la jugó, se convirtió en vapor, desapareció en los vientos.
… hacia los acogedores brazos del viento…
Siempre te están esperando. La existencia está siempre dispuesta a abrazarte. Sólo que tú sigues corriendo, sigues escapándote.
… que suavemente y con facilidad le llevaron hacia arriba
y a lo lejos…
El universo es siempre amoroso, siempre dispuesto a ofrecerte su amistad. Para él eres un niño. Es muy suave, te cuida con mucha delicadeza. Es muy prudente, es muy cuidadoso. y si alguna vez sientes que la existencia está siendo dura contigo, recuérdalo siempre, debes de estar luchando contra ella. Tu lucha crea el problema. De otra forma la existencia siempre es agraciada, es siempre maternal.
…que suavemente y con facilidad le llevaron hacia arriba y a lo lejos, dejándole caer con suavidad en cuanto alcanzó la cima de la montaña, muchos, muchos kilómetros más allá.
Y como había abrigado sus dudas, el arroyo fue capaz de recordar y grabar con más fuerza en su mente los detalles de la experiencia. Reflexionó: «Sí, ahora he conocido mi verdadera identidad» .

La identidad que tienes ahora mismo no es tu verdadera identidad. Es falsa. Tu nombre es falso, tu forma es falsa. Tú no eres ni el nombre ni la forma -lo que los indios llaman namarup-. Eres algo más allá de ambas. Pero no sabes quién eres: eso sólo es posible si te rindes.
Rendición quiere decir rendir la falsa personalidad. Por eso en sannyas se te cambia el nombre, se cambian tus ropas.(*) Eso es sólo un símbolo para decir que has dejado de formar parte del pasado, que tu nombre desaparece, de modo que todo lo que estaba conectado con ese nombre desaparece; que cambias tu ropa; empiezas a pensar de forma nueva acerca de tu ser. (*) En la iniciación como sannyasin el discípulo recibe un nuevo nombre y comienza a vestir de naranja constantemente. En la actualidad la ropa de color naranja se ha dejado de usar y sólo se visten túnicas de diversos colores en la Comuna de Puna durante la práctica de las meditaciones y en la vida cotidiana de la Comuna.
… Reflexionó: «Sí, ahora he conocido mi verdadera identidad».
El arroyo estaba aprendiendo. Pero las arenas susurraron:
-Nosotras lo sabemos, porque vemos cómo sucede un día tras otro y porque nosotras, las arenas, nos extendemos des- de la orilla del río por todo el camino hasta la montaña. y por eso se dice que el camino por el que el arroyo de la vida tiene que continuar su viaje está escrito en las arenas.
Escucha la sabiduría de las arenas.
Esta historia tiene un valor inmenso. Si permites que caiga en tu corazón como una semilla, pronto se convertirá en un gran árbol. Y cuando llegue el momento tendrás magníficas flores y una extraordinaria fragancia.
Ésta es la historia de sannyas. Esto es lo que estoy haciendo aquí. Eso es lo que está sucediendo aquí.

Pacha Pulai

 

 

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