{"id":7740,"date":"2021-03-27T20:38:52","date_gmt":"2021-03-27T23:38:52","guid":{"rendered":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/?p=7740"},"modified":"2021-03-27T21:12:04","modified_gmt":"2021-03-28T00:12:04","slug":"la-emocion-ideal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/la-emocion-ideal\/","title":{"rendered":"La Emoci\u00f3n Ideal"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>La Emoci\u00f3n Ideal <\/strong><\/p>\n<p>Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala\u00a0 hacia tal excelsitud inasible, afanoso de perfecci\u00f3n y rebelde a la mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un Ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Cust\u00f3diala; si la dejas apagar no se reenciende jam\u00e1s. Y si ella muere en ti, quedas inerte: fr\u00eda bazofia humana. S\u00f3lo vives por esa part\u00edcula de ensue\u00f1o que te sobrepone a lo real. Ella es el lis de tu blas\u00f3n, el penacho de tu temperamento. Innumerables signos la revelan: cuando se te anuda la garganta al recordar la cicuta impuesta a S\u00f3crates, la cruz izada para Cristo y la hoguera encendida a Bruno; -cuando te abstraes en lo infinito leyendo un di\u00e1logo de Plat\u00f3n, un ensayo de Montaigne o un discurso de Helvecio; -cuando el coraz\u00f3n se te estremece pensando en la desigual fortuna de esas pasiones en que fuiste, alternativamente, el Romeo de tal Julieta y el Werther de tal Carlota; -cuando tus sienes se hielan de emoci\u00f3n al declamar una estrofa de Musset que rima acorde con tu sentir; &#8211; y cuando, en suma, admiras la mente preclara de los genios, la sublime virtud de los santos, la magna gesta de los h\u00e9roes, inclin\u00e1ndote con igual veneraci\u00f3n ante los creadores de Verdad o de Belleza.<\/p>\n<p>Todos no se extas\u00edan, como t\u00fa, ante un crep\u00fasculo, no sue\u00f1an frente a una aurora o cimbran en una tempestad; ni gustan de pasear con Dante, re\u00edr con Moli\u00e9re, temblar con Shakespeare, crujir con Wagner; ni enmudecer ante el David, la Cena o el Parten\u00f3n.\u00a0 Es de pocos esa inquietud de perseguir \u00e1vidamente alguna quimera, venerando a fil\u00f3sofos, artistas y pensadores que fundieron en s\u00edntesis supremas sus visiones del ser y de la eternidad, volando m\u00e1s all\u00e1 de lo real. Los seres de tu estirpe, cuya imaginaci\u00f3n se puebla de ideales y cuyo sentimiento polariza hacia ellos la personalidad entera, forman raza aparte en la humanidad: son idealistas. Definiendo su propia emoci\u00f3n, podr\u00eda decir quien se sintiera poeta: el Ideal es un gesto del esp\u00edritu hacia alguna perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los fil\u00f3sofos del porvenir, para aproximarse a formas de expresi\u00f3n cada vez menos inexactas, dejar\u00e1n a los poetas el hermoso privilegio del lenguaje figurado; y los sistemas futuros, desprendi\u00e9ndose de a\u00f1ejos residuos m\u00edsticos y dial\u00e9cticos, ir\u00e1n poniendo la Experiencia como fundamento de toda hip\u00f3tesis leg\u00edtima.<\/p>\n<p>No es arriesgado pensar que en la \u00e9tica venidera florecer\u00e1 un idealismo moral, independiente de dogmas religiosos y de apriorismos metaf\u00edsicos: los ideales de perfecci\u00f3n, fundados en la experiencia social y evolutivos como ella misma, constituir\u00e1n la \u00edntima trabaz\u00f3n de una doctrina de la perfectibilidad indefinida, propicia a todas las posibilidades de enaltecimiento humano.<\/p>\n<p>Un ideal no es una f\u00f3rmula muerta, sino una hip\u00f3tesis perfectible; para que sirva, debe ser concebido as\u00ed, actuante en funci\u00f3n de la vida social que incesantemente deviene. La imaginaci\u00f3n, partiendo de la experiencia, anticipa juicios acerca de futuros perfeccionamientos: los ideales, entre todas las creencias, representan el resultado m\u00e1s alto de la funci\u00f3n de pensar.<\/p>\n<p>La evoluci\u00f3n humana es un esfuerzo continuo del hombre para adaptarse a la naturaleza, que evoluciona a su vez. Para ello necesita conocer la realidad ambiente y prever el sentido de las propias adaptaciones: los caminos de su perfecci\u00f3n. Sus etapas refl\u00e9janse en la mente humana como ideales. Un hombre, un grupo o una raza son idealistas porque circunstancias propicias determinan su imaginaci\u00f3n a concebir perfeccionamientos posibles.<\/p>\n<p>Los ideales son formaciones naturales. Aparecen cuando la por- que circunstancias propicias determinan su imaginaci\u00f3n puede anticiparse a la experiencia. No son entidades misteriosamente infundidas en los hombres, ni nacen del azar. Se forman como todos los fen\u00f3menos accesibles a nuestra observaci\u00f3n. Son efectos de causas, accidentes en la evoluci\u00f3n universal investigada por las ciencias y resumidas por las filosof\u00edas. Y es f\u00e1cil explicarlo, si se comprende. Nuestro sistema solar es un punto en el cosmos; en ese punto es un simple detalle el planeta que habitamos; en ese detalle la vida es un transitorio equilibrio qu\u00edmico de la superficie; entre las complicaciones de ese equilibrio viviente la especie humana data de un per\u00edodo brev\u00edsimo; en el hombre se desarrolla la funci\u00f3n de pensar como un perfeccionamiento de la adaptaci\u00f3n al medio; uno de sus modos es la imaginaci\u00f3n que permite generalizar los datos de la experiencia, anticipando sus resultados posibles y abstrayendo de ella idea les de perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed la filosof\u00eda del porvenir, en vez de negarlos, permitir\u00e1 afirmar su realidad como aspectos leg\u00edtimos de la funci\u00f3n de pensar y los re- integrar\u00e1 en la concepci\u00f3n natural del universo. Un ideal es un punto y un momento entre los infinitos posibles que pueblan el espacio y el tiempo.<\/p>\n<p>Evolucionar es variar. En la evoluci\u00f3n humana el pensamiento var\u00eda incesantemente. Toda variaci\u00f3n es adquirida por temperamentos predispuestos; las variaciones \u00fatiles tienden a conservarse. La experiencia determina la formaci\u00f3n natural de conceptos gen\u00e9ricos, cada vez m\u00e1s sint\u00e9ticos; la imaginaci\u00f3n abstrae de \u00e9stos ciertos caracteres comunes, elaborando ideas generales que pueden ser hip\u00f3tesis acerca del incesante devenir: as\u00ed se forman los ideales que, para el hombre, son normativos de la conducta en consonancia con sus hip\u00f3tesis. Ellos no son aprior\u00edsticos, sino inducidos de una vasta experiencia; sobre ella se empina la imaginaci\u00f3n para prever el sentido en que var\u00eda la humanidad. Todo ideal representa un nuevo estado de equilibrio entre el pasado y el porvenir.<\/p>\n<p>Los ideales pueden no ser verdades; son creencias. Su fuerza estriba en sus elementos efectivos: influyen sobre nuestra conducta en la medida en que lo creemos. Por eso la representaci\u00f3n abstracta de las variaciones futuras adquiere un valor moral: las m\u00e1s provechosas a la especie son concebidas como perfeccionamientos. Lo futuro se identifica con lo perfecto. Y los ideales, por ser visiones anticipadas de lo venidero, influyen sobre la conducta y con el instrumento natural de todo progreso humano.<\/p>\n<p>Mientras la instrucci\u00f3n se limita a extender las nociones que la experiencia actual considera m\u00e1s exactas, la educaci\u00f3n consiste en sugerir los ideales que se presumen propicios a la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El concepto de lo mejor es un resultado natural de la evoluci\u00f3n misma. La vida tiende naturalmente a perfeccionarse. Arist\u00f3teles ense- \u00f1aba que la actividad es un movimiento del ser hacia la propia &#8220;entelequia&#8221;: su estado de perfecci\u00f3n. Todo lo que existe persigue su entelequia, y esa tendencia se refleja en todas las otras funciones del esp\u00edritu; la formaci\u00f3n de ideales est\u00e1 sometida a un determinismo, que, por ser complejo, no es menos absoluto. No son obra de una libertad que escapa a las leyes de todo lo universal, ni productos de una raz\u00f3n pura que nadie conoce. Son creencias aproximativas acerca de la perfecci\u00f3n venidera. Lo futuro es lo mejor de lo presente, puesto que sobreviene en la selecci\u00f3n natural: los ideales son un &#8220;\u00e9lan&#8221; hacia lo mejor, en cuanto simples anticipaciones del devenir.<\/p>\n<p>A medida que la experiencia humana se ampl\u00eda, observando la realidad, los ideales son modificados por la imaginaci\u00f3n, que es pl\u00e1stica y no reposa jam\u00e1s. Experiencia e imaginaci\u00f3n siguen v\u00edas paralelas, aunque va muy retardada aqu\u00e9lla respecto de \u00e9sta. La hip\u00f3tesis vuela, el hecho camina; a veces el ala rumbea mal, el pie pisa siempre en firme; pero el vuelo puede rectificarse, mientras el paso no puede volar nunca.<\/p>\n<p>La imaginaci\u00f3n es madre de toda originalidad; deformando lo real hacia su perfecci\u00f3n, ella crea los ideales y les da impulso con el iluso- rio sentimiento de la libertad: el libre albedr\u00edo es un error \u00fatil para la gestaci\u00f3n de los ideales. Por eso tiene, pr\u00e1cticamente, el valor de una realidad. Demostrar que es una simple ilusi\u00f3n, debida a la ignorancia de causas inn\u00fameras, no implica negar su eficacia. Las ilusiones tienen tanto valor para dirigir la conducta, como las verdades m\u00e1s exactas; puede tener m\u00e1s que ellas, si son intensamente pensadas o sentidas. El deseo de ser libre nace del contraste entre dos m\u00f3viles irreductibles: la tendencia a perseverar en el ser, implicada en la herencia, y la tendencia a aumentar el ser, implicada en la variaci\u00f3n. La una es principio de estabilidad, la otra de progreso.<\/p>\n<p>En todo ideal, sea cual fuere el orden a cuyo perfeccionamiento tienda, hay un principio de s\u00edntesis y de continuidad: &#8220;es una idea fija o una emoci\u00f3n fija&#8221;. Como propulsores de la actividad humana, se equivalen y se implican rec\u00edprocamente, aunque en. la primera predomina el razonamiento y en la segunda la pasi\u00f3n. &#8220;Ese principio de unidad, centro de atracci\u00f3n y punto de apoyo de todo trabajo de la imaginaci\u00f3n creadora, es decir, de una s\u00edntesis subjetiva que tiende a objetivarse, es el ideal&#8221; dijo Ribot. La imaginaci\u00f3n despoja a la realidad de todo lo malo y la adorna con todo lo bueno, depurando la experiencia, cristaliz\u00e1ndola en los moldes de perfecci\u00f3n que concibe m\u00e1s puros. Los idea- les son, por ende, reconstrucciones imaginativas de la realidad que deviene.<\/p>\n<p>Ese desequilibrio entre la perfecci\u00f3n concebible y la realidad practicable, estriba en la naturaleza misma de la imaginaci\u00f3n, rebelde al tiempo y al espacio. De ese contraste leg\u00edtimo no se infiere que los ideales l\u00f3gicos, est\u00e9ticos o morales deban ser contradictorios entre s\u00ed, aunque sean heterog\u00e9neos y marquen el paso a desigual comp\u00e1s, seg\u00fan los tiempos: no hay una Verdad amoral o fea, ni fue nunca la Belleza absurda o nociva, ni tuvo el Bien sus ra\u00edces en el error o la desarmon\u00eda. De otro modo concebir\u00edamos perfecciones imperfectas. Los caminos de perfecci\u00f3n son convergentes. Las formas infinitas del ideal son complementarias: jam\u00e1s contradictorias, aunque lo parezca. Si el ideal de la ciencia es la Verdad, de la moral el Bien y del arte la Belleza, formas preeminentes de toda excelsitud, no se concibe que puedan ser antagonistas. Los ideales est\u00e1n en perpetuo devenir, como las formas de la realidad a que se anticipan. La imaginaci\u00f3n los construye observando la naturaleza, como un resultado de la experiencia; pero una vez form a- dos ya no est\u00e1n en ella, son anticipaciones de ella, viven sobre ella para se\u00f1alar su futuro. Y cuando la realidad evoluciona hacia un ideal antes previsto, la imaginaci\u00f3n se aparta nuevamente de la realidad, aleja de ella al ideal, proporcionalmente. La realidad nunca puede igualar al ensue\u00f1o en esa perpetua persecuci\u00f3n de la quimera. El ideal es un &#8220;l\u00edmite&#8221;: toda realidad es una &#8220;dimensi\u00f3n variable&#8221; que puede acerc\u00e1rsele indefinidamente, sin alcanzarlo nunca. Por mucho que lo &#8220;variable&#8221; se acerque a su &#8220;l\u00edmite&#8221;, se concibe que podr\u00eda acerc\u00e1rsele m\u00e1s; s\u00f3lo se confunden en el infinito.<\/p>\n<p>Todo ideal es siempre relativo a una imperfecta realidad presente. No los hay absolutos. Afirmarlo implicar\u00eda abjurar de su esencia mis- ma, negando la posibilidad infinita de la perfecci\u00f3n. Erraban los viejos moralistas al creer que en el punto donde estaba su esp\u00edritu en ese momento, converg\u00edan todo el espacio y todo el tiempo; para la \u00e9tica moderna, libre de esa grave falacia, la relatividad de los ideales es un postulado fundamental. S\u00f3lo poseen un car\u00e1cter com\u00fan: su permanente transformaci\u00f3n hacia perfeccionamientos ilimitados.<\/p>\n<p>Es propia de gentes primitivas toda moral cimentada en supersticiones y dogmatismos. Y es contraria a todo idealismo, excluyente de todo ideal. En cada momento y lugar la realidad var\u00eda; con esa variaci\u00f3n se desplaza el punto de referencia de los ideales. Nacen y mueren, convergen o se excluyen, palidecen o se acent\u00faan; son, tambi\u00e9n ellos, vivientes como los cerebros en que germinan o arraigan, en un proceso sin fin. No habiendo un esquema final e insuperable de perfecci\u00f3n, tampoco lo hay de los ideales humanos. Se forman por cambio incesante; evolucionan siempre; su palingenesia es eterna.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-3058 aligncenter lazyload\" data-src=\"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-content\/uploads\/version-horizontal-300x84.png\" alt=\"Pacha Pulai\" width=\"282\" height=\"79\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 282px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 282\/79;\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"7740\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"box-shadow:none;-webkit-box-shadow:none;-moz-box-shadow:none;background-color:#ffffff;border-color:#989fca;color:#3f3b9b;\"><i class=\"sf-icon-love\"> <\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"color:#3f3b9b;\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Emoci\u00f3n Ideal Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala\u00a0 hacia tal excelsitud inasible, afanoso [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":19,"featured_media":7744,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-7740","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reflexiones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7740","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/users\/19"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7740"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7740\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7744"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7740"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7740"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7740"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}