{"id":8429,"date":"2021-05-19T20:10:29","date_gmt":"2021-05-19T23:10:29","guid":{"rendered":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/?p=8429"},"modified":"2021-05-19T20:10:29","modified_gmt":"2021-05-19T23:10:29","slug":"el-desorden-de-las-pasiones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/el-desorden-de-las-pasiones\/","title":{"rendered":"El Desorden de las Pasiones"},"content":{"rendered":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"g0rREdH2rJ\"><p><a href=\"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/geometria-de-las-pasiones\/\">Geometr\u00eda de las Pasiones<\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><iframe class=\"wp-embedded-content lazyload\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; clip: rect(1px, 1px, 1px, 1px);\" title=\"\u00abGeometr\u00eda de las Pasiones\u00bb \u2014 Pacha Pulai | Encuentros\" data-src=\"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/geometria-de-las-pasiones\/embed\/#?secret=g0rREdH2rJ\" data-secret=\"g0rREdH2rJ\" width=\"600\" height=\"338\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" data-load-mode=\"1\"><\/iframe><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>EL DESORDEN DE LAS PASIONES<\/strong><br \/>\n<strong>La atm\u00f3sfera del alma<\/strong><\/p>\n<p>Al. comienzo del Tratado pol\u00edtico, Espinosa establece un paralelismo entre las pasiones que modifican y sacuden a los seres humanos y los fen\u00f3menos, aun desagradables, que caracterizan la atm\u00f3sfera:<br \/>\nHe considerado las pasiones humanas, como el amor, el odio, la ira, la envidia, la vanagloria, la misericordia y todos los dem\u00e1s sentimientos, no como vicios, sino como propiedades de la naturaleza humana, pertenecientes a ella del mismo modo que pertenecen a la naturaleza de la atm\u00f3sfera el calor, el fr\u00edo, la tempestad, el trueno y semejantes, los cuales, aun siendo desgracias, no obstante son necesarios y son efectos de causas determinadas, a trav\u00e9s de las cuales nosotros tratamos de comprender la naturaleza, mientras nuestra mente goza de su franca contemplaci\u00f3n no menos que de la percepci\u00f3n de las cosas agradables a los sentidos.1<br \/>\nNo importa cu\u00e1n inexplicables, ind\u00f3ciles, caprichosas y perturbadoras puedan parecer a primera vista, las pasiones \u2014oportunamente observadas\u2014 no s\u00f3lo revelan una trama inteligible y una articulaci\u00f3n coherente, sino que pueden tambi\u00e9n volverse objeto de un espect\u00e1culo agradable. Detr\u00e1s de su caos se descubre un orden preciso; en el interior de sus imperceptibles o imprevistas desviaciones y excesos, una l\u00f3gica convincente; en su aspecto quiz\u00e1s espantoso, una belleza espec\u00edfica. Para quien pueda penetrar m\u00e1s all\u00e1 de la envoltura se reserva no s\u00f3lo el gozo que el conocimiento tradicionalmente ofrece, sino tambi\u00e9n la satisfacci\u00f3n de contemplar, desde el punto de vista de una \u2018ciencia meteorol\u00f3gica\u2019 del \u00e1nimo, el paso variado de sus metamorfosis sobre el fondo del horizonte te\u00f3rico de la necesidad.<br \/>\nLas pasiones ofrecen el testimonio m\u00e1s convincente del hecho de que el \u201chombre&#8221; no dispone libremente de s\u00ed mismo, ni, mucho menos, del mundo. Aun cuando ya habituado a considerarse un &#8220;imperio dentro de otro imperio\u201d2 \u2014ciudadano de un regnum hominis extraterritorial res1 pecio al resto del universo\u2014 \u00e9l descubre, tambi\u00e9n por medio de ellas, estar en cambio sometido r\u00edgidamente a la naturaleza, la \u00fanica verdaderamente libre. En efecto, condicionamientos de todo g\u00e9nero lo plasman a la manera de la \u201carcilla en las manos del alfarero&#8221;;3 imaginar escapar de ellos, permaneciendo firmes las leyes de este mundo, parece igualmente absurdo e indeseable como vivir bajo un cielo eternamente sereno. De por s\u00ed, el reconocimiento del inevitable poder de las pasiones (aquel inconmensurablemente mayor de toda la naturaleza sobre cada hombre) no implica de todos modos la aceptaci\u00f3n presupuesta de una servidumbre irremediable y siempre igual. Para poderse liberar de la pasividad absoluta respecto a las pasiones, quiz\u00e1 sea necesario admitir, de manera preliminar, la supremac\u00eda: disminuyendo nuestras exorbitantes pretensiones de control y de autocontrol sobre ellas, se multiplican parad\u00f3jicamente las oportunidades de \u00e9xito al enfrentarlas y se descubre en la imaginaci\u00f3n tambi\u00e9n un aspecto de potencia, que consiste en la capacidad de evocar las cosas ausentes (cfr. E, prop. xvn, schol.).<br \/>\nTambi\u00e9n el ni\u00f1o (ser &#8220;sumamente dependiente de las causas externas\u201d y \u201ccasi incapaz de ser consciente de si&#8221;&#8216;)4 crece de hecho hasta alcanzar estadios en que la subordinaci\u00f3n a las causas externas disminuye, aunque sin dejar de existir, y la conciencia de s\u00ed aumenta, aun sin llegar a ser jam\u00e1s completa. De manera an\u00e1loga, es posible individuar tambi\u00e9n para los adultos el camino apropiado para un ulterior &#8216;crecimiento&#8217; que \u2014levantando la vis existendi o agendi\u2014 modifique en favor de los individuos y de las colectividades el equilibrio inevitable frente a las causas externas y ponga un dique a nuestra total ignorancia respecto a ellas.<br \/>\nEntre el grado de dependencia de las pasiones y el grado de conciencia alcanzado subsiste una relaci\u00f3n de proporcionalidad inversa (cuanto m\u00e1s \u00e9ste aumenta, justamente, m\u00e1s aqu\u00e9l disminuye y viceversa). Sin embargo, semejante incremento de saber \u2014que es, al mismo tiempo, de felicidad, de &#8220;virtud\u201d y hasta de salud\u2014 no basta quererlo o programarlo. Por consiguiente, se enga\u00f1an cuantos intentan sofocar las pasiones mediante la intervenci\u00f3n en\u00e9rgica de la voluntad o de la raz\u00f3n, rechaz\u00e1ndolas o suprimi\u00e9ndolas de la naturaleza humana por la fuerza. Nadie, ni siquiera el m\u00e1s sabio, podr\u00e1 quedar exento totalmente o en todo momento. Aquellos que intentan doblegar la violencia o la tenacidad imprecando, maldiciendo, implorando, realizando ademanes propiciatorios, en lugar de encontrar los medios para reducir su impacto y arraigo o para cambiar eventualmente las desventajas en ventajas\u2014 se asemejan .1 quienes pretendiesen imponerse de manera m\u00e1gica a los fen\u00f3menos atmosf\u00e9ricos, o sea, impedir la alternancia del fr\u00edo y del calor, de la humedad y la sequedad o prohibir a los rayos surcar las nubes y al viento soplar.<br \/>\n<strong>El imperio separado<\/strong><br \/>\nCon Espinosa termina el modelo renacentista de &#8220;hombre&#8221; como &#8220;microcosmos&#8221;, engastado en el todo y capaz, a pesar de la propia peque\u00f1ez, de abarcarlo. \u00c9ste habr\u00eda podido reflejar en s\u00ed, por \u2018simpat\u00eda\u2019, algunas alteraciones fundamentales del complejo org\u00e1nico y unitario del mundo, y transformarse \u2014a trav\u00e9s de la imaginaci\u00f3n y del pensamiento\u2014 en &#8220;camale\u00f3n\u201d capaz de imitar todas las formas, mientras su coraz\u00f3n, tradicionalmente sede de las pasiones, habr\u00eda representado el &#8220;sol del microcosmos\u201d.5 Espinosa considera en cambio al g\u00e9nero humano y a cada individuo singular s\u00f3lo como una parte del universo, inseparable de sus procesos, pero carente de la facultad de reflejarlo totalmente. El hombre debe, por consiguiente, adecuarse tanto al papel marginal atribuido por la astronom\u00eda moderna al planeta en que vive, como a la idea de la necesidad ineluctable y an\u00f3nima que regula todos los acontecimientos. Las ilusiones de una libertad esencialmente incondicionada y de una providencia que vigila con benignidad sobre el mundo, quedan as\u00ed resquebrajadas. El fil\u00f3sofo se dirige a sus reacios lectores como para invitarlos a renunciar a aquello que aparece ya como un delirio de omnipotencia y de separaci\u00f3n que se alterna con lases depresivas de total inercia y autodenigraci\u00f3n. La simple docilidad a las pasiones y la arrogante voluntad de dominio sobre ellas son complementarias, y ambas terminan por hacer la esclavitud todav\u00eda m\u00e1s gravosa. La solidaridad \u2014para cada uno en el propio lugar y tiempo\u2014 con la naturaleza que vive en cada cosa, el saberse insertos en una apretada red de v\u00ednculos causales necesarios, la despedida del finalismo providencialista presentan aspectos positivos que no muchos est\u00e1n dispuestos a percibir. Tambi\u00e9n la necesidad aparentemente inexorable de las pasiones se les presenta por ello sobre todo como signo de dolorosa humillaci\u00f3n, de impotencia y de caos. No se individ\u00faan y valoran de inmediato los valiosos recursos ofrecidos a quien sepa comprender que los individuos pueden intervenir sobre los procesos de la naturaleza y modificarlos seg\u00fan sus leyes, precisamente en cuanto los hombres forman parte de la naturaleza o, mejor, ellos mismos son naturaleza.<br \/>\nLa opci\u00f3n de Espinosa consiste en descentralizar ulteriormente al hombre y su conciencia respecto a la totalidad de este mundo, vaciado de un Dios personal que lo domina y dirige para recuperar (por medio del pensamiento) el sentido para el hombre de la naturaleza como lodo. Para lograr este fin rechaza, simult\u00e1neamente, tanto el antropocentrismo como el teocentrismo, denunciando a cuantos ignoran u ocultan la relatividad del punto de vista propio y se entregan a entidades superiores como garantes de un orden f\u00edsico y moral absoluto.6 Sin embargo, no existe para Espinosa ning\u00fan orden fijo y carente de relaciones, ni jerarqu\u00eda alguna indiscutible e intocable, cuya sacralidad fuese perturbada por los apetitos y por los deseos humanos. Orden y desorden, bien y mal, justicia e injusticia son conceptos carentes de valor, si no se consideran desde la perspectiva de quien los juzga y desde el momento en que esto acontece. Lo que es bien para el lobo, es mal para el cordero; aquello que es orden para algunos es desorden para otros; lo que es justicia para quien oprime es poder irracional para quien es oprimido.<br \/>\nLa pregunta, ingenua y embarazosa al mismo tiempo, que se le podr\u00eda formular es por qu\u00e9 raz\u00f3n ha escrito una \u00c9tica, si cada punto de vista es para \u00e9l relativo. La respuesta provisional se apoya sobre la constataci\u00f3n de que, efectivamente, existe para nosotros un punto de vista ineludible y no arbitrario (aquel en que nos encontramos: el del hombre), y un criterio de preferencia moral en l\u00ednea de principio se puede compartir por *cada uno (escoger aquel que m\u00e1s incrementa el poder de existir, esto es, conjunlamente, la felicidad, la \u201cvirtud&#8221; y la satisfacci\u00f3n propia ). Sin embargo, la \u00f3ptica acostumbrada cae por tierra, en cuanto por &#8220;ninguna cosa nosotros nos esforzamos, ninguna cosa queremos, apetecemos y deseamos porque la juzgamos buena; antes bien, nosotros |ii\/gamos buena alguna cosa porque nos esforzamos por ella, la queremos, la apetecemos y la deseamos\u201d. Es el deseo, llevado al m\u00e1ximo de su conciencia, el que produce para el hombre un orden que se renueva y se formula de nuevo bajo la gu\u00eda del amor Dei intellectualis.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter  wp-image-3058 lazyload\" data-src=\"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-content\/uploads\/version-horizontal-300x84.png\" alt=\"Pacha Pulai\" width=\"293\" height=\"82\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 293px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 293\/82;\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"8429\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"1\" style=\"box-shadow:none;-webkit-box-shadow:none;-moz-box-shadow:none;background-color:#ffffff;border-color:#989fca;color:#3f3b9b;\"><i class=\"sf-icon-love\"> <\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"color:#3f3b9b;\">1<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Geometr\u00eda de las Pasiones EL DESORDEN DE LAS PASIONES La atm\u00f3sfera del alma Al. comienzo del Tratado pol\u00edtico, Espinosa establece [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":19,"featured_media":8431,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-8429","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reflexiones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8429","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/users\/19"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8429"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8429\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8431"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8429"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8429"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/pachapulai.com.ar\/encuentros\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8429"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}